Poner el precio mirando a la competencia es lo más común y lo más riesgoso. No conoces sus costos y ellos no conocen los tuyos. Puedes vender mucho y perder dinero en cada venta sin darte cuenta.
Un precio sano se arma desde adentro: desde lo que a ti te cuesta.
Las cinco cosas que tu precio tiene que cubrir
- El costo directo. Lo que gastas para hacer o comprar una unidad: materiales, empaque, envío si lo pagas tú.
- Tu tiempo. Ponle un valor por hora y súmalo. Si lo dejas en cero, estás regalando tu trabajo.
- Tu parte de los gastos fijos. Internet, publicidad, programas, alquiler. Divide el total del mes por las unidades que vendes.
- La comisión. Lo que te cobra el medio de pago o la plataforma donde vendes.
- El impuesto a las ventas. Si te corresponde cobrarlo, ese dinero no es tuyo: lo recibes para entregarlo.
Sobre todo eso va tu ganancia.
Un ejemplo con números
Supón que vendes velas. Los números son de ejemplo y sirven en cualquier moneda.
| Concepto | Monto |
|---|---|
| Materiales, empaque y mano de obra | 4.400 |
| Gastos fijos del mes | 495.000 |
| Unidades que vendes al mes | 150 |
| Gasto fijo por unidad | 3.300 |
| Costo total por unidad | 7.700 |
Si quieres ganar el 25 % del precio, pagas una comisión de 3,5 % y el impuesto a las ventas de tu país es 19 %, el precio mínimo sin impuesto es cercano a 10.870, y con impuesto, cerca de 12.940.
Fíjate en la distancia: el costo directo era 4.400 y el precio sano casi lo triplica. Quien pone el precio «al doble del costo» en este caso vende a 8.800 y pierde dinero.
La segunda cuenta: cuántas unidades necesitas
Un buen precio no alcanza si vendes muy poco. La pregunta es cuántas unidades al mes necesitas para cubrir tus gastos fijos.
Toma lo que te queda de cada venta después del impuesto y la comisión, y réstale el costo directo. Eso es lo que cada unidad aporta para pagar los gastos fijos. Divide tus gastos fijos por ese número.
En el ejemplo, vendiendo a 12.990, cada vela aporta cerca de 6.060. Para cubrir 495.000 de gastos fijos hacen falta 82 velas al mes. Con menos, pierdes; con más, ganas.
Tres errores frecuentes
- No contar tu sueldo. Si no te pagas, el negocio no gana: te está costando a ti.
- Usar las ventas que te gustaría tener. Calcula con las unidades que vendes de verdad, no con las que esperas.
- Olvidar el impuesto. Si lo cobras, descuéntalo antes de calcular tu ganancia.
Qué hacer hoy
Elige tu producto principal y haz la cuenta completa una vez. Compara el resultado con lo que cobras. Si la diferencia es grande, no tienes que subir el precio de golpe: ya sabes cuánto te falta y puedes decidir con el número a la vista.